<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9150151200993431164</id><updated>2012-02-15T22:41:36.648-08:00</updated><category term='viajes'/><category term='relatos'/><category term='literatura'/><title type='text'>El Portal de Barbanegra</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elbarbanegra.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9150151200993431164/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbarbanegra.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Barbanegra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01873186634564207190</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9150151200993431164.post-321909977278697366</id><published>2008-01-17T14:45:00.000-08:00</published><updated>2008-01-24T04:54:30.069-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='viajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relatos'/><title type='text'>El Sueño se ha Acabado?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;Siempre me habían explicado que en Francia llovía mucho pero hasta ese día no fui consciente de lo mucho que realmente podía llegar a llover en Francia. Empezaba a anochecer y estábamos parados desde hacía horas en un punto cercano a Limoges en la entrada a un área de Servicio de la A62 en dirección a Paris y Más Allá. Europa. No llovía, directamente el cielo se desplomaba sobre nosotros. Enrique era mi colega de autostop en esta etapa del viaje. Una cortina de agua apenas me dejaba ver cómo una nube le resbalaba desde la capucha hasta los pies, bajando a lo largo de toda la capelina que a duras penas lograba cubrirle a él y a su mochila. Yo estaba tieso como un poste, aterido por el frío y dentro de mis botas los pies nadaban como peces en un acuario. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- Tío, con lo que está cayendo, aquí no nos para ni Dios¡¡, –le grité con un lamentable tono de desesperación-. Será mejor que empecemos a buscar un sitio para pasar la noche.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Enrique, hombre parco de palabras, se giró mostrándome su barba y greñas empapadas, y sólo tuvo fuerzas para lanzarme una mirada de corderito a punto de entrar en el matadero. No parecía motivarle demasiado la idea. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- &lt;em&gt;Ok, esperamos media hora más y luego nos movemos&lt;/em&gt; –sentencié-. Me sentía agotado y decidí dejar pasar el tiempo sentado acurrucado como un ovillo sobre el asfalto. Cerré los ojos concentrándome en la idea de que por fin alguien tenía piedad de nosotros y paraba a recogernos. Entré en una duermevela, mitad sueño mitad conciencia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;En eso estábamos cuando desde la distancia recibimos el destello de unas luces que inequívocamente nos enviaban un mensaje. Un camión de transporte internacional nos advertía de su intención de parar señalando con su intermitente derecho. Nos retiramos hacia atrás en la cuneta para dejar más espacio al enviado de Dios en La Tierra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Salvados –pensé mientras se abría la puerta del monstruo de la carretera-. Desde dentro una voz con acento sevillano nos gritó “&lt;em&gt;Subid rápido que se me moja la tapicería¡¡”&lt;/em&gt;. En menos que canta un gallo nos descargamos las mochilas y trepamos por las escaleras del Pegaso hacia el interior de la cabina. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- &lt;em&gt;Hola, soy Angel&lt;/em&gt; –no podía llamarse de otra manera- &lt;em&gt;a dónde vais? A donde tu vayas -respondimos al unísono-&lt;/em&gt;. Angel lanzó una carcajada ruidosa. &lt;em&gt;“Los jipis estáis locos. A quién se le ocurre meterse en la carretera con un tiempo como este.” Yo voy a Ámsterdam&lt;/em&gt; –nos anunció. Puta madre, Angel, justo nuestro destino, te lo juro, muchísimas gracias por llevarnos– respondió Enrique-. Y era verdad. &lt;em&gt;Pasad atrás y poneros cómodos que nos vamos&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que Angel tenía Atrás era una auténtica cueva entre picadero y fumadero de opio de barrio chino. Alucinando nos instalamos sobre la cama que allí tenía montada. Todo estaba tapizado con telas acolchadas y repleto de cojines de colores psicodélicos. Flores y formas estampadas por todas partes. De las paredes, también forradas, colgaban láminas, fotografías de músicos, actrices y todo tipo de personajes variopintos, abalorios y colgantes de mercadillos de todas las partes del mundo, y unas preciosas cortinillas marroquíes, de algodón y lino, que aislaban totalmente la zona posterior de los asientos delanteros. Una neverita portátil hacía las veces de mesita de noche y sobre ella reposaba el equipo de música. Por detrás de los respaldos de los asientos del piloto y del copiloto, cientos de cintas señalaban el espíritu coleccionista de nuestro camionero. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mientras nos miraba a través del retrovisor, Angel nos habló.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;- Si tenéis hambre en la nevera encontrareis algo para picar pero yo de vosotros me tomaría antes un buen Güisqui que os sacará el frío y os alegrará esas caras, coño, que parecéis medio muertos¡¡.&lt;/em&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Fue mi amigo quien atacó primero la neverita: un buen vaso de Cuty Sark con poco hielo para entrar en calor y abrir boca. Yo iba preparando una bandeja de embutido. Angel era la hostia¡. Llevaba una paletilla de jamón de su tierra que parecía estar esperando a que llegara una pareja de frikis hambrientos. Especialmente Enrique. Era extremadamente delgado y cultivaba su imagen a lo George Harrison -rollo barba y pelo largo ocultando un rostro pálido y cadavérico- pero cuando se ponía a comer devoraba. Siempre me preguntaba a dónde iba a parar tanto alimento. Un poco de queso francés de ese que huele fatal pero sabe fenomenal, unas anchoas de la Costa Brava y muchas almendras saladas y patatas fritas para acompañar. Manjar de Dioses. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;-&lt;em&gt; Yo no se que coño está pasando que a todos los frikis os da ahora por ir a Ámsterdam. Qué esperáis encontrar? El Edén?. Aquello no es lo que os cuentan. Hay mucha mierda en Ámsterdam y yo lo conozco bien.&lt;/em&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Estaba claro que Angel necesitaba comunicarse y viendo que estábamos bastante ocupados en dar buena cuenta de su jamón, decidió explicarnos su vida. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Nacido en Sevilla, barrio de Triana. No pudo estudiar porque su padre estaba exiliado en Francia y el dinero no llegaba para todos los hermanos, pero se había cultivado hasta adquirir un nivel cultural atípico entre la gente de su oficio y entorno. Empezó a trabajar a los 13 años como camarero y pinche de cocina en un bar. A los 26, estaba con su padre en París y vivió la revuelta de los señoritos estudiantes en el 68. “Eran todos una pandilla de pijos que no tenían ni idea de hacer la Revolución”. Aprendió idiomas y conoció gente. De vuelta a Sevilla, empezó a trabajar de transportista y después como pipa y conductor del camión que llevaba el material para las actuaciones de los Smash de Gualberto y compañía. Los jipis se enrollaban de puta madre pero no tenían un duro y todo el dinero que ganaba se lo gastaba en juergas y en definitiva el negocio era un ruina. Gracias a su conocimiento de idiomas empezó a trabajar para una compañía de transporte internacional y desde hacía cinco años viajaba por toda Europa llevando la fruta española a los consumidores del Norte. Llevaba fruta oficialmente y de forma clandestina información para algunos grupos de resistencia al Régimen que tenían la base en Ámsterdam. De regreso traía la carga oficial pertinente y algún paquete extraoficial que le servía de sobresueldo. La carretera le gustaba porque se sentía independiente y libre, fuera de nuestras fronteras, pero “es un trabajo muy duro aunque no lo parezca”. Soledad. En cinco años más podría montar su propio negocio en su tierra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Girándose nos lanzó un paquete envuelto en papel de aluminio. Venga &lt;em&gt;después de una buena cena lo mejor es fumarse unos canutos. Sabeis liar, no?&lt;/em&gt; Me hice con el material y por cierto que era una excelente hierba colombiana, toda prensada, con su olor rancio característico. Mientras trabajaba el asunto Enrique puso música: una cinta de Hendrix para dar marcha de carretera. Fuera seguía diluviando. Las luces de los coches en la autopista se reflejaban sobre el suelo mojado y creaban formas extrañas que adquirían vida propia. Navegábamos a velocidad de crucero y todo parecía estar bien pero yo todavía tenía frío en los pies. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;Vamos a tener que parar a poner gasolina&lt;/em&gt; –dijo Angel mientras salía de la carretera hacia un área de servicio- &lt;em&gt;si queréis bajar a estirar las piernas…&lt;/em&gt; Ni Enrique ni yo teníamos ninguna intención de abandonar nuestro refugio. Parados delante del poste, mientras Angel repostaba, vimos cómo un grupo de gente salía del bar de la gasolinera persiguiendo a un tipo con pinta de moro. Le gritaban en Francés y uno de ellos empezó a golpearle con la hebilla de su cinturón. Lo habían cogido bien y ahora le estaban dando fuerte en el suelo. Nadie salió del bar. Nadie intervino. Libertad, Igualdad, Fraternidad. Vive La France ¡¡ La escena duró unos minutos hasta que los gabachos se dieron por saciados. Nosotros estábamos literalmente paralizados. La voz de Angel hablando con alguien fuera del camión nos hizo desviar la atención del incidente. Se abrieron las dos puertas y mientras él se sentaba en su trono de emperador de la carretera, por el lado del copiloto dos seres maravillosos entraron en la cabina inundándola inmediatamente de luz y un aroma mezcla de pachuli y feromonas femeninas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;Mirad lo que me he encontrado, dos más que como vosotros van también a Ámsterdam. A este paso acabaré este viaje con overbooking.&lt;/em&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tras las presentaciones resultó que Laura y Mireia -así se llamaban las chicas- viajaban efectivamente también desde Barna al concierto de Pink Floyd en el Milkway de Ámsterdam. El mundo es un pañuelo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- &lt;em&gt;A ti te conozco&lt;/em&gt; –dijo Laura dirigiéndose hacia mi-. &lt;em&gt;Tenías un chiringuito de Absenta en Las Jornadas Libertarias y no me dejaste pasar de la cuarta. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Yo no recordaba nada de lo que sucedió en Las Jornadas Libertarias. Vender absenta era lucrativo pero peligroso y en concreto ese día había terminado muy cerca del coma etílico. Si alguien ha cogido alguna vez una borrachera de absenta, sabrá de lo que hablo. El caso es que Laura estaba muy agradecida por haberme cuidado de su salud y parecía dispuesta a demostrármelo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- &lt;em&gt;Hostia que guapo&lt;/em&gt; –dijo Mireia al percatarse del chill out que teníamos montado en la parte de Atrás- &lt;em&gt;Tenemos sitio?&lt;/em&gt; La pregunta era una obviedad. &lt;em&gt;Por supuesto, pasad hacia aquí que se está de puta madre&lt;/em&gt; –respondió Enrique que por primera vez en mucho rato parecía volver al mundo de los vivos-. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Empezamos el ritual de bienvenida liando unos canutos y sirviendo güisqui para las recién llegadas. Laura fue la que propuso a su amiga ponerse más cómodas y empezaron a sacarse ropa hasta quedar en manga corta y tejanos. Alguien encendió una barra de sándalo. Sonaba Hotel California de los Eagles. Al pasarle el joint a Laura nuestras manos se rozaron y ella notó que las tenía heladas –no había conseguido sacarme el frío de encima en todo el viaje-. Ostia tío, estás enfermo? Cogió mis manos y las puso entre las suyas y allí empezó un juego de insinuaciones y caricias provocadoras. Ella se estiró reposando su cabeza sobre mi pecho, mientras Mireia más lanzada, directamente se tiraba a morderle la oreja a Enrique diciéndole que estaba muy rico. Al cabo de unos minutos la fiesta estaba montada. La ropa iba desapareciendo de nuestros cuerpos y unas braguitas volaban hasta aterrizar sobre la luneta delantera. Angel nos sugirió que corriéramos las cortinas que no era de piedra y la carretera pide concentración. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Follamos como nunca. Todo lo que habíamos leído y oído sobre orgías y camas redondas lo pusimos en práctica. Seguro que reinventamos el Kamasutra y el concepto de la imaginación al poder aplicada al sexo. Ciegos, sin apenas luz, nos acariciábamos, buscábamos orificios y entrelazábamos nuestros cuerpos que ya eran solo Uno en el Universo. Pasamos mucho tiempo así. Finalmente el cansancio y la relajación que viene después de una gran follada hicieron mella en nuestros cuerpos y cerebros que poco a poco dejaron de funcionar para dejarnos entrar en el reino de Morfeo. El Pegaso dirigido por nuestro Angel Salvador seguía a través de la noche su ruta impasible hacia la Libertad más Absoluta que era nuestra idea de Ámsterdam.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;Tío, despierta¡¡&lt;/em&gt; Noté cómo alguien me sacudía intentando arrancarme del paraíso e inicié un descenso vertiginoso hacia la conciencia. Intenté abrir los ojos. Enrique estaba agachado a mi lado con su capelina puesta. Yo tenía mi cuerpo rígido y helado dentro del saco de dormir que estaba totalmente húmedo. Mi cerebro empezó a reaccionar pero tardó todavía unos segundos en darse cuenta de lo que estaba pasando. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- &lt;em&gt;Ostia Enrique, joder, he tenido un sueño increíble, si te lo cuento alucinas¡¡. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- Déjate de sueños que empieza a hacerse de día y ahora es buen momento para que alguien nos pare. Me he acercado a la autopista y hay mucho tráfico de camiones que van hacia el Norte.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La realidad me golpeó como hacía mucho tiempo que no me sucedía. Estaba tumbado en el suelo de unos lavabos que apestaban como el infierno. El refugio que habíamos encontrado para pasar la noche resguardados del Diluvio Universal en el área de servicio de la autopista. Enrique ya había guardado su saco de dormir y estaba dándole unos mordiscos a un trozo de salchichón que llevaba en la mochila. Me invitó pero le devolví una mirada asesina. Me sentía enfermo. Saqué mi cantimplora y me tragué un par de aspirinas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Una vez recogido el equipaje y bien preparados para el viaje nos dirigimos de nuevo hacia la carretera. Empezaba a clarear pero el cielo estaba gris y la lluvia seguía cayendo aunque con menos virulencia que en la noche anterior. Era un sirimiri de los que te calan pero no te impide ver, hablar, respirar. Joder con La Verde Europa. Caminamos en medio de la bruma hasta alcanzar nuestra posición a pie de carretera. El dedo pulgar señalando hacia el Norte y bien a la vista de los vehículos que pasaban rápidos a nuestro lado salpicándonos de barro y agua sucia. Seguro que íbamos a tener suerte y que iba ser un buen día.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9150151200993431164-321909977278697366?l=elbarbanegra.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elbarbanegra.blogspot.com/feeds/321909977278697366/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9150151200993431164&amp;postID=321909977278697366' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9150151200993431164/posts/default/321909977278697366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9150151200993431164/posts/default/321909977278697366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elbarbanegra.blogspot.com/2008/01/el-sueo-se-ha-acabado.html' title='El Sueño se ha Acabado?'/><author><name>Barbanegra</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01873186634564207190</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
